La Sequía en Guatemala dejó de ser una advertencia técnica para convertirse en una emergencia que se mide en hectáreas perdidas, familias sin cosecha y raciones de alimento que tardan en llegar. Al 14 de octubre de 2026, las cifras oficiales muestran un país que atravesó una primera temporada de lluvias con un déficit cercano a un tercio, una canícula que se prolongó por semanas y un fenómeno de El Niño que, según los pronósticos, podría mantener sus efectos hasta la primera mitad de 2027. Este artículo reúne los datos publicados por el Ministerio de Agricultura, el Insivumeh, la Conred, el Congreso y organizaciones civiles, y los cuenta de corrido, con las discrepancias entre fuentes señaladas donde aparecen. Hay un matiz que conviene dejar claro desde el principio. Las cifras de la Sequía en Guatemala cambian de una semana a otra, porque el Ministerio de Agricultura actualiza sus registros de daños cada ocho días y porque cada institución mide cosas distintas: hectáreas, familias, municipios o personas en inseguridad alimentaria. Por eso, cuando dos números parecen contradecirse, casi siempre se refieren a momentos o metodologías diferentes, y así se indica a lo largo del texto. La Sequía en Guatemala: una temporada de lluvias que nunca se normalizó Para entender la Sequía en Guatemala hay que volver a mayo, cuando las lluvias comenzaron con alrededor de la mitad de lo normal. Junio ofreció un respiro breve, pero siguió por debajo del promedio, y julio fue el mes de la caída más brusca. Según el director del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático, Alex Guerra, la capital registró hasta un 85 por ciento menos de lluvia, mientras que en otras zonas las reducciones llegaron a 70 por ciento, y las estaciones de la vertiente del Pacífico, en Chimaltenango, Escuintla y alrededores, reportaron descensos de entre 40 y 73 por ciento. El director del Insivumeh, Edwin Rojas, presentó ante la Comisión de Agricultura del Congreso un panorama similar en cifras agregadas. Entre enero y junio, la región del Pacífico estuvo 29 por ciento por debajo del promedio de 1991 a 2020, el Altiplano Central 24 por ciento, el Occidente 17 por ciento y los Valles de Oriente más de 30 por ciento. En julio, cinco departamentos tuvieron déficits de 75 por ciento, con puntos que alcanzaron 85. La Sequía en Guatemala, en otras palabras, no fue un episodio de unas pocas semanas, sino un deterioro sostenido que fue acumulándose mes tras mes. A esa falta de lluvia se sumó el calor. En algunos lugares, julio fue más caluroso que abril, que suele ser el mes más cálido del año en el país, y el Insivumeh proyectó temperaturas de entre 0,5 y 1 grado por encima del promedio en agosto y septiembre, con anomalías de entre 1 y 2 grados en octubre. Ese calor adicional seca el suelo con mayor rapidez, aumenta el riesgo de incendios incluso en bosques normalmente húmedos y favorece la proliferación de vectores de enfermedades, una advertencia que Rojas hizo expresamente ante los diputados. La canícula que se alargó en la Sequía en Guatemala Uno de los factores más visibles de la Sequía en Guatemala fue la canícula, el periodo seco que normalmente interrumpe las lluvias a mitad del invierno. En un año habitual dura entre dos y tres semanas; en años de El Niño severo puede extenderse de 30 a 40 días, y así lo anticipó el Insivumeh desde junio. En esta ocasión, a inicios de septiembre ya se hablaba de ocho semanas de sequía continua, y el Ministerio de Agricultura la describe como una canícula prolongada de dos meses, sumada a un inicio tardío del invierno. El precedente más citado es el de 2014, cuando una anomalía marina de apenas 0,6 grados coincidió con hasta 45 días sin lluvia y con pérdidas superiores al 70 por ciento de los granos básicos. Esa referencia, publicada en el plan de contingencia que el Gobierno anunció en mayo, explica por qué los técnicos advirtieron temprano. Lo que no estaba tan claro entonces era la magnitud: en mayo, la probabilidad de que El Niño persistiera de junio a agosto era de 92 por ciento, y en agosto los modelos del Insivumeh ya hablaban de entre 95 y 100 por ciento de probabilidad de consolidación. El Niño: entre la declaración formal y la realidad del campo La relación entre la Sequía en Guatemala y El Niño tiene una complejidad técnica que merece una explicación. A finales de agosto, el Insivumeh recordaba que el evento todavía no estaba declarado oficialmente, porque eso exige cinco trimestres traslapados con temperaturas en la región Niño 3.4 superiores a 0,5 grados, y solo se habían contado tres. Aun así, advertía que podía convertirse en el más fuerte en 76 años. A comienzos de octubre, el mismo instituto confirmó condiciones de El Niño con una probabilidad de 100 por ciento, y la NOAA estimaba más de 90 por ciento de probabilidad de que persistiera entre febrero y abril de 2027. Guerra, por su parte, introdujo un matiz científico importante. Dijo que hay indicios de que El Niño se está volviendo más frecuente e intenso, con episodios recientes en 1997-98, 2015-16 y 2023-24, pero que para una conclusión estadísticamente sólida harían falta unos cien años de datos. Es una cautela útil: la Sequía en Guatemala actual no necesita demostrar una tendencia de largo plazo para ser grave, porque el daño ya ocurrió y se mide en el campo. Los episodios de intensidad similar, según Rojas, han tenido efectos de entre 12 y 20 meses, de modo que los modelos europeos ubican el pico entre octubre de 2026 y enero de 2027. Eso significa que la Sequía en Guatemala no terminará con el final de la temporada de lluvias, y que las respuestas más grandes deberían planificarse para 2027. Las hectáreas y las familias: un recuento en movimiento Los números del Ministerio de Agricultura, con corte al 27 de agosto, mostraban 226.773 hectáreas afectadas, más que en cualquier año de la última década. El récord anterior era de 186.297 hectáreas en 2018, y en 2019 la cifra fue de unas 129.000, mientras que en 2025 fue de 76.000, en 2024 de 72.000 y en 2023 de 54.000. Esa comparación es la que permite afirmar que la Sequía en Guatemala de 2026 supera todo lo registrado en diez años. La falta de lluvia explica el 96,76 por ciento del daño agrícola nacional. El maíz concentra la mayor parte del problema, con unas 221.772 hectáreas, equivalentes a cerca del 22,5 por ciento del área nacional sembrada, seguido del frijol, con casi 11.900 hectáreas, y del café, con unas 8.600. Los departamentos más golpeados son Jalapa y Jutiapa: en Jalapa se contabilizaron 86.156 familias y más de 57.000 hectáreas, y en Jutiapa 104.229 familias y unas 49.000 hectáreas. Cabe una advertencia: si se suman los cultivos, el total supera el de hectáreas reportado, y el artículo original no explica la diferencia, que podría deberse a superposiciones de registros. En cuanto a las familias, las cifras también se movieron. En agosto se hablaba de 486.727 hogares en 194 municipios; en septiembre y octubre, el Ministerio mencionó 571.000 y luego 577.000 familias, con 123 municipios de vulnerabilidad muy alta y 120 de vulnerabilidad alta. La Conred, por su parte, estimó ante el Congreso que el número real podría llegar a 1,2 millones de hogares. Esa distancia entre el registro oficial y la proyección de la Conred ilustra lo difícil que es medir la Sequía en Guatemala en tiempo real. Hambre en el Corredor Seco por la Sequía en Guatemala Donde la Sequía en Guatemala golpea con más fuerza es en las comunidades de agricultura de subsistencia, que casi nunca tienen riego. En el Corredor Seco, que incluye áreas de Zacapa, Chiquimula, Jutiapa y El Progreso, las familias dependen de una sola cosecha de maíz y frijol para alimentarse durante el año. Cuando esa cosecha se pierde, la consecuencia no es una caída de ingresos, sino hambre. Los datos de seguridad alimentaria son contundentes. La Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional estimó que 3,2 millones de personas, alrededor del 17 por ciento de la población, enfrentarían inseguridad alimentaria aguda entre julio y septiembre, frente a 2,5 millones en el trimestre anterior; otra publicación habla de 3,1 millones, una diferencia pequeña que probablemente responde a cortes o fuentes distintas. Alta Verapaz es el departamento con mayor proporción de población en crisis, por encima del 28 por ciento. Oxfam y Acción contra el Hambre documentaron que en 36.431 hogares con daños severos en maíz, ocho de cada diez perdieron entre 75 y 100 por ciento de la cosecha. En Chiquimula y Jalapa, menos del 3 por ciento de las plantaciones sobrevivió. Los jornales, que son la otra fuente de ingresos del campo, cayeron 54,2 por ciento en Jalapa y 66,2 por ciento en Chiquimula, y en casi dos de cada tres hogares las reservas de maíz alcanzan para tres semanas o menos. La intención de siembra de la cosecha de postrera cayó 62 por ciento. La red de alerta temprana FEWS NET clasificó a los hogares más pobres del Corredor Seco en Fase 3, crisis, y prevé que sigan así de octubre a enero. Café, cardamomo y exportaciones frente a la Sequía en Guatemala La Sequía en Guatemala no afecta solo a la agricultura de subsistencia. Un análisis conjunto de Agexport, el Ministerio de Agricultura y el instituto de cambio climático advirtió que cerca del 96 por ciento del territorio agrícola podía recibir lluvias por debajo de lo normal entre agosto y octubre. El café figura entre los cultivos con daños, con unas 8.600 hectáreas, y el cardamomo, cuya cosecha se acerca, enfrenta riesgos para su rendimiento y calidad, sobre todo en Huehuetenango y el norte del país. Los exportadores también advirtieron sobre un posible brote de plagas y enfermedades derivado de los cambios bruscos de temperatura y humedad, incluida la posibilidad de una plaga de langosta que afecte los granos básicos, aunque aclararon que por ahora no es motivo de alarma. En ese contexto, el Ministerio de Agricultura presentó a los exportadores el programa Suelos y Agua para el Futuro, que amplió su cobertura de 181 a 340 municipios y utiliza el sistema Keyline para distribuir mejor la humedad disponible en cada parcela. La ministra María Fernanda Rivera Dávila lo presentó como una forma de reducir costos y riesgos climáticos, y los empresarios se comprometieron a aplicar las prácticas en sus fincas. La respuesta del Estado y las críticas en el Congreso El Gobierno de Bernardo Arévalo anunció en mayo un plan de contingencia con dos ejes, reservas de granos básicos para comunidades en riesgo y tratamiento de suelos para captar más agua, y el 7 de septiembre presentó un plan de apoyo a las familias con tres líneas: atención alimentaria, fortalecimiento de la productividad campesina y reducción de la vulnerabilidad mediante riego y mejoramiento de suelos. Sin embargo, los detalles de montos y calendario tardaron en conocerse. En una citación legislativa a comienzos de octubre, los diputados de la Comisión de Seguridad Alimentaria cuestionaron la demora. Señalaron que las instituciones conocían los pronósticos de El Niño y que los fondos previstos no alcanzarían para todos los hogares afectados. La Conred explicó que hay 500 millones de quetzales asignados para alimentos, suficientes para una ración mensual, y que serían necesarios unos 3.000 millones para dar seis meses de raciones a 670.000 familias. Además, el proyecto de presupuesto de 2027 no incluye una partida específica para la emergencia, aunque los pronósticos extienden sus efectos hasta mayo. El convenio firmado el 24 de septiembre con el Programa Mundial de Alimentos prevé 671.000 raciones, cada una con unos 45 kilos de maíz, 13,6 de frijol y 4,5 de arroz, repartidas durante seis meses. La primera fase, de 38.141 raciones, arrancaría el 6 de octubre, y un segundo lote de 82.879 comenzaría en noviembre. Una de las notas consultadas habla de entregas “desde noviembre” y otra del 6 de octubre, por lo que conviene verificar el calendario directamente con la Conred. El 30 de septiembre, el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria, presidido por la vicepresidenta Karin Herrera, anunció compras adicionales de 800.000 bolsas de Incaparina y 27.272 raciones más, con 20 millones de quetzales. Hasta ahora, apenas un 8,8 por ciento de los hogares que necesitan ayuda ha recibido asistencia de organizaciones no gubernamentales. Quién mide la sequía y con qué instrumentos Una dificultad de la Sequía en Guatemala es que no existe una sola cifra oficial, sino varios sistemas que miran el problema desde ángulos distintos. El Insivumeh mide la lluvia y la temperatura, y de ahí salen los porcentajes de déficit por región. El Ministerio de Agricultura registra hectáreas, cultivos y familias, y actualiza esos datos cada ocho días a partir de reportes de campo. La Conred estima hogares y coordina la entrega de raciones, mientras que la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional trabaja con la clasificación de fases de inseguridad alimentaria. A ellos se suman el instituto privado de cambio climático, que aporta análisis y boletines mensuales, y la Mesa Técnica Agroclimática, que traduce los pronósticos en recomendaciones para los productores. Para el lector, la consecuencia práctica es que la Sequía en Guatemala debe leerse como un conjunto de indicadores, no como un número único. Cuando el Ministerio habla de 577.000 familias y la Conred de hasta 1,2 millones, no hay necesariamente un error: uno cuenta registros verificados y la otra proyecta el alcance probable del daño. Lo mismo ocurre con las personas en inseguridad alimentaria, cuyo total depende del periodo evaluado. Qué recomiendan los técnicos para resistir Más allá de la emergencia, los especialistas coinciden en un conjunto de medidas que ayudarían a que la próxima Sequía en Guatemala no tenga el mismo impacto. La Mesa Técnica Agroclimática recomendó la cosecha de agua de lluvia, el riego eficiente y el uso de semillas tolerantes a la sequía. Los exportadores y los técnicos del Ministerio añaden el manejo del suelo, con sistemas como Keyline, y la capacitación de los agricultores por medio del Sistema Nacional de Extensión Rural, que formará primero a los extensionistas y estos a su vez a las familias de las comunidades prioritarias. Ninguna de estas medidas es nueva, pero la Sequía en Guatemala de 2026 les da una urgencia distinta. Los productores de subsistencia, que son quienes más pierden, son también los que menos acceso tienen a riego y a financiamiento, de modo que la brecha entre la recomendación técnica y la realidad del campo sigue siendo amplia. Cerrarla es, probablemente, el desafío de fondo que dejará esta crisis. Octubre: poca lluvia, pero tormentas fuertes Octubre trae una paradoja que complica todavía más la Sequía en Guatemala. El Insivumeh pronostica un mes con lluvias por debajo de lo histórico, concentradas en la primera y la última semana, y un posible adelanto del final de la temporada lluviosa. Las zonas con mayor precipitación serían la Bocacosta, el Pacífico, Petén y el Caribe, mientras que el Occidente, el Altiplano Central y los Valles de Oriente recibirían menos. No se prevén frentes fríos durante el mes, que serían más frecuentes desde noviembre, y las mínimas en el Occidente podrían rondar entre 7 y 17 grados. Aun con poca lluvia total, los episodios pueden ser intensos. Los aguaceros del 3 y 4 de octubre llevaron al Ministerio de Agricultura a advertir sobre saturación de suelos en 138 municipios donde la humedad ya estaba entre 51 y 75 por ciento, con riesgo de crecidas, deslizamientos y descenso de lahares. Es el lado inesperado de la Sequía en Guatemala: suelos resecos durante meses que, al recibir de golpe una tormenta, no la absorben bien. El boletín recomendó revisar drenajes, suspender labores durante lluvias intensas, proteger al ganado de potreros encharcados y guardar las cosechas en lugares secos. Lo que viene hasta 2027 para la Sequía en Guatemala El Ministerio de Agricultura volverá a medir el déficit de lluvias en noviembre, enero y abril, y espera nuevas proyecciones para el periodo de noviembre de 2026 a febrero de 2027. El Insivumeh y la Organización Meteorológica Mundial prevén déficit hídrico al menos hasta el primer semestre del próximo año, y el instituto trabaja en sus Clínicas del Clima, con una primera sesión en Jutiapa a finales de septiembre. Todo indica que la Sequía en Guatemala seguirá siendo noticia durante meses. Para quien siga el tema, hay tres variables que vale la pena observar: la evolución de El Niño en los modelos de la NOAA, la ejecución real de las raciones de la Conred y el Programa Mundial de Alimentos, y las próximas actualizaciones de hectáreas y familias afectadas. La Sequía en Guatemala de 2026 ya es la más grave en una década por superficie; lo que falta por saber es cuánto tiempo tardará el campo guatemalteco en recuperarse y si la respuesta pública llegará a la escala del problema. En resumen, la Sequía en Guatemala de 2026 combina un déficit de lluvias de alrededor de un tercio, una canícula prolongada y un calentamiento que, según el Insivumeh, seguirá hasta el final del año. Quien lea sobre la Sequía en Guatemala en las próximas semanas encontrará cifras actualizadas, pero el patrón general difícilmente cambiará: pérdidas concentradas en maíz y frijol, hambre en el Corredor Seco y una respuesta estatal que se discute en el Congreso. Seguir la Sequía en Guatemala con datos oficiales, y no con rumores, es la mejor manera de entender qué tan profunda es esta crisis. Por eso, esta crónica de la Sequía en Guatemala deberá actualizarse cuando haya nuevos datos. Navegación de entradas Roma – Real Madrid: Mbappé y De Roon empatan el pulso en el Olimpico (1-1 al descanso) Manchester City – PSG: PSG golpea tres veces antes del descanso en el Etihad y Haaland recorta